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Acuerdo entre Japón y Filipinas: ¿Es un ataque a China? ¿Qué le espera al continente asiatico?


Azul Raimundi | Febrero 2026

Desde la llegada de Sanae Takaichi al puesto de Primer Ministro de Japón -hecho histórico al ser la primera mujer en ocupar este puesto- se han acentuado las tensiones políticas y diplomáticas con la República Popular de China. Algunos de los comentarios de la líder político del país del sol naciente tuvieron como epicentro la situación China-Taiwán y, principalmente, criticando la movilización y entrenamiento del ejército chino cerca del Estrecho de Taiwan. Estos no han sido comentarios aislados, se repitieron en distintas ocasiones y pese a los intentos de profundizar los lazos entre las dos grandes naciones de Asia, los dichos de Takaichi han tenido consecuencias a tal grado que China prohibió las exportaciones de artículos con potencial uso militar al país.

Líder del partido comunista chino, Xi Jimping y Sanae Takaichi, Primer ministro del Japón. Imagen: Nikkei

De esta manera, ante las amenazas de Beijing -o la provocación para que estas se den-, Japón y Filipinas han firmado un pacto de cooperación en defensa, que, aunque no habla explícitamente de China y de sus acciones concretas, por el contexto se entiende que va contra este.

El acuerdo firmado entre Japón y Filipinas el pasado 15 de enero ha sido visto de distintas maneras: como un simple alianza, contrarrestar el poder chino en la región, tener mayor poder de maniobra en sus acciones dentro de la región y mejorar sus capacidades conjuntamente, establecer un nuevo orden regional más cercano a occidente, etc. Según mi propia visión, este acuerdo se debe a la influencia china en Asia -debido principalmente a su proyecto de la Franja y la Ruta-, al desarrollo militar que esta va teniendo, a la disputa territorial en el mar meridional y las tensiones diplomáticas cada vez más crecientes entre los países firmantes con el grande asiático. Este pacto de defensa filipo-japonés establece que cuando sus fuerzas –terrestres, navales y aéreas– realicen entrenamientos conjuntos la provisión de municiones, combustible, alimentos y otros suministros estarán bajo régimen de libre de impuestos, impulsando la cooperación en materia de defensa y seguridad.

El ministro japonés de Asuntos Exteriores, Toshimitsu Motegi, y la ministra filipina de Asuntos Exteriores,
Theresa Lazaro. Imagen: Joeal Calupitan

Desde fines de octubre de 2025, cuando asumió Sane Kataichi como Primer Ministro de Japón -hito histórico al ser la primera mujer en ocupar el cargo- elegida por el Partido Liberal Democratico, las relaciones sino japonesas parecía que iban por buen rumbo, con diversas reuniones entre los líderes de ambas naciones expresando su compromiso de reforzar las relaciones diplomáticas en pos de la paz y el equilibrio regional. Pese a esto, Kataichi apuntó contra China en diversas ocasiones, expresando que los “movimientos militares” en el Estrecho de Taiwán peligran la seguridad nacional japonesa y, en caso de que sucediera un ataque chino a Taiwán, Japón intervendría militarmente en el territorio. Estos dichos tuvieron consecuencias casi inmediatas, donde China respondió fuertemente: primero se tipificó a las declaraciones de la primer ministra como “provocadoras” y, como gran golpe, al intuir que los dichos de Kataichi tendrían como fin incrementar el desarrollo militar y la presencia exterior de Japón, desde el Ministerio de Comercio se indicó que se implementaría una restricción en la exportación de armas y elementos de uso militar a Japón, cualquier artículo o artefacto que pueda fortalecer las capacidades militares japonesas será restringido.

Por otro lado, no se debe olvidar que Filipinas y China han tenido tensiones diplomáticas desde hace décadas por la disputa en el mar meridional, cuya extensión es disputada entre varios países de Asia -como China, Vietnam, Filipinas, Brunei, Malasia y el gobierno de Taiwán– y ha provocado grandes disturbios entre los países reclamantes con la República Popular de China, a tal punto que Filipinas denunció el uso de cañones de agua y bloqueos peligrosos de las fuerzas de China en parte del territorio disputado. A su vez, en enero del presente año, hubieron roces entre el el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores Chino, Guo Wei, y el portavoz de la Guardia Costera filipina, Jay Tarriela, lo sucedido transcurrió en las redes sociales, tras publicaciones fuera de lugar y anticuadas que hicieron los funcionarios, mostrando una falta de profesionalidad de ambas partes. Aunque este asunto no ha escalado al nivel de las declaraciones y acciones sino-japonesas, debe ser observado para entender el contexto y el por qué del acuerdo filipo-nipón.

Es incierto esperar que las tensiones escalen, porque no es conveniente para ninguna de las partes. El hecho de que las relaciones sino-filipinas empeoren solo produciría un efecto negativo dentro de toma de decisiones de la ASEAN -teniendo en cuenta que las decisiones se toman por consenso y que países como Camboya y Laos son económicamente dependientes de China-, se desplazaría a la India de su posición privilegiada de influencia dentro del Sudeste Asiatico -provocando que la búsqueda de contrarrestar el poder chino sea más dispersa y menos eficiente-, generar conflictos dentro de una región como el Sudeste Asiatico, que se caracteriza por buscar el equilibrio de poder y las relaciones diplomáticas entre los Estados, no sería beneficioso porque justamente China al tener países que le son “fieles” , se pasaría de tensiones entre dos países a un conflicto de intereses muy complejo.


Esta publicación constituye un extracto de nuestra revista ‘Der Globalist’Edición Febrero 2026

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